Manuel Fernando de las Mercedes Zárate

Ingeniero químico, profesor universitario, ensayista y folklorista panameño, nacido en Guararé (en la provincia de Los Santos) el 22 de julio de 1899, y fallecido en la ciudad de Panamá el 20 de octubre de 1968. Humanista fecundo y polifacético, atento por igual al estudio y avance de la Ciencia como al cultivo de las disciplinas humanísticas, contribuyó poderosamente al desarrollo de su país natal tanto en materia sanitaria como en el rescate de un rico acervo folklórico que permite ahondar en los orígenes de la identidad nacional panameña.

Impulsado desde su temprana niñez por una firme voluntad de aprender, cursó sus estudios primarios en la escuela pública de su localidad natal y, ya en plena adolescencia, se trasladó a la capital del país para matricularse en el célebre Instituto Nacional de Panamá, uno de los centros de enseñanza media más prestigiosos de todo el ámbito geo-cultural centroamericano. Egresó de dicha institución con el título de Maestro de Enseñanza Primaria, y se enroló entonces en una breve pero fructífera actividad docente que desplegó hasta 1925, cuando su inapagable deseo de seguir aprendiendo le impulsó a solicitar una beca que, otorgada por la Secretaría de Instrucción Pública del Gobierno panameño, habría de permitirle realizar en el extranjero una brillante carrera de químico.

Cruzó, pues, el océano Atlántico con destino a Francia y se instaló en París, en cuyo Instituto de Químcica (perteneciente a la Universidad de La Sorbona) obtuvo el título de Ingeniero Químico. Mas no contento aún con su deslumbrante historial académico, Manuel Fernando Zárate decidió aprovechar su estancia en la capital gala para ampliar los conocimientos recién aprendidos en el célebre Instituto Pasteur, al tiempo que ponía al día en La Sorbona los saberes adquiridos años atrás, siguiendo diferentes cursos intensivos de Literatura. Su condición de humanista pendiente de todas las disciplinas que configuran el saber humano quedó aún más patente cuando se matriculó en el Instituto Louvre para realizar estudios de Crítica e Historia del Arte.

De vuelta a su país, ya afincado nuevamente en la ciudad de Panamá, abandonó la enseñanza primaria que había constituido hasta entonces su principal actividad profesional y comenzó a trabajar como químico analítico. Merced al brillante curriculum que se había forjado a su paso por las aulas superiores de Francia, pronto fue llamado a ocupar algunos de los puestos más relevantes dentro de su profesión como clínico analítico del Hospital Santo Tomás, centro sanitario que, poco después, quedó bajo la dirección de Manuel Fernando Zárate. Al cabo de unos años fue nombrado Superintendente de dicha institución sanitaria, y más tarde ascendió aún más escalones dentro de la sanidad pública istmeña al ser designado Jefe del Laboratorio de Alimentos, perteneciente al ramo administrativo de Salud Pública.

Foto Cortesía de Carlos Montufar

La apertura de la Universidad Nacional de Panamá a mediados de los años treinta le permitió reanudar su interrumpida trayectoria docente, ahora en calidad de catedrático de análisis químico y jefe de su departamento. Al pie de su cátedra, Manuel Fernando Zárate desplegó un fecundo magisterio que dejó una huella indeleble en varias generaciones de químicos panameños que pasaron por sus aulas, hasta el extremo de convertirse en uno de los profesores más queridos y admirados dentro de la Universidad de Panamá, donde, en reconocimiento de sus numerosos méritos como docente e investigador, se le elevó también al cargo de Director del Laboratorio de Resistencia de Materiales, perteneciente a dicha institución superior.

Al tiempo que desarrollaba esta intensa y fructífera actividad como científico y docente, Manuel Fernando Zárate continuó cultivando esa curiosidad humanística que, avivada por sus estudios de literatura e historia, le condujo directamente hasta el campo del folklore y la cultura popular, donde halló el inestimable aliento y la

desinteresada colaboración de su esposa, Dora Pérez, una de las más eminentes folkloristas del país. Trabajando en íntima y mutua cohesión de afinidades e intereses, el matrimonio Zárate-Pérez realizó una profunda investigación y una extensísima divulgación de algunas de las principales tradiciones culturales y artísticas de la población autóctona istmeña, como el cultivo de la artesanía y el canto terrígeno. Así, ambos esposos se convirtieron en dos de las figuras intelectuales contemporáneas que con mayor entusiasmo y eficacia contribuyeron al rescate y la difusión de una riquísima tradición que, de no haber sido por sus desinteresados esfuerzos, no sólo habría pasado inadvertida para generaciones futuras, sino que habría llegado -a buen seguro- a su completa extinción.

Manuel Fernando Zárate dio a la imprenta numerosos artículos ensayísticos en los que daba noticia de estos hallazgos en materia folclórica, y recorrió también una buena del país pronunciando conferencias que llevaban los frutos de su trabajo hasta los más alejados rincones. Con todo, su mayor notoriedad en este campo le llegó con la publicación de varios libros que había escrito en colaboración con su esposa, como La décima y la copla en PanamáTambor y socavón y Breviario de folklore, distinguidos los dos primeros con el primer premio en la modalidad de ensayo del certamen literario más prestigioso de Panamá, el Concurso Ricardo Miró.

Por la suma de esa valiosa información que puso a salvo en dichos libros y artículos, así como por el resto de sus desvelos a la hora de rescatar y divulgar el acervo tradicional de su nación (plasmados en actos tan relevantes como la creación y organización del famoso Festival de la Mejorana de Guararé, un acontecimiento cultural que ha despertado el interés y el orgullo de todo el pueblo istmeño por sus manifestaciones folclóricas), Manuel Fernando Zárate y Dora Pérez han sido objeto de los honores y distinciones más importantes otorgados por las instituciones públicas y privadas de todo el ámbito hispanoamericano. Así, el gobierno panameño le hizo entrega de la mayor condecoración oficial que se entrega, la Orden Vasco Núñez de Balboa, en el grado de Comendador. También ha sido objeto de agasajo por parte de otras instancias públicas, como la Asamblea Nacional o el Municipio de la Ciudad de Panamá (que le entregaron sus Pergaminos de Honor), así como de múltiples homenajes tributados por colectivos tan heterogéneos como la Sociedad Folklórica de Guatemala, la Sociedad Salvadoreña y la Sociedad Cultural de Veteranos.

Fuente: Texto extraído de mcnbiografias/ J. R. Fernández de Cano.

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